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Gracias a la incompetencia y comportamiento negligente de la supuesta oposición de izquierdas y a la irresponsabilidad y desidia de la sociedad valenciana, la alquería del Moro seguirá en ruinas en el 2015, 2016, 2017…

Buenas tardes bloger@s,

nuestro compañero y socio de Círculo por la Defensa, Antonio Marín, ha escrito la siguiente opinión sobre la Alquería del Moro que queremos compartir con vosotr@s.

Un saludo...
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El pacto del gobierno del PP y de toda la oposición de izquierdas en el Ayuntamiento de Valencia en septiembre del año 2012, logró paralizar una denuncia judicial hace ya dos años largos, que hubiera sido un punto de referencia a la hora de salvaguardar el Patrimonio Cultural de todos los valencianos, permitiendo que la alquería del Moro (Casa del Señor) ya estuviera rehabilitada a día de hoy.

Esa denuncia tenía como objetivo que las instituciones públicas cumpliesen con lo establecido en nuestro ordenamiento jurídico, pero todos los grupos políticos con representación en el Ayuntamiento de Valencia tuvieron la divina ocurrencia de suscribir un pacto para rehabilitar la alquería del Moro sin reservar ninguna partida presupuestaria y confiando en una financiación estatal que no existía.

Queremos dar las gracias a todos los partidos políticos por haber paralizado una denuncia y haber neutralizado con un absurdo pacto, el trabajo de dos largas décadas en favor del Patrimonio Cultural Valenciano. Muchas gracias por seguir permitiendo y tolerando, el expolio, saqueo y degradación de numerosos bienes culturales, tanto de arquitectura rural, industrial…

Lo peor de todo es que la historia se vuelve a repetir, pues el Ayuntamiento de Valencia vuelve a emplear el mismo truco para el año 2015, gracias a la incompetencia y falta de inteligencia de la que hacen gala los políticos de la oposición, que se dicen y presumen de izquierdas; para mí no pasan de ser unos simple funcionarios atolondrados y sin ninguna sensibilidad, unos impresentables e irresponsables…

¿Hasta cuándo va a seguir la oposición refrendando y respaldando con su firma las barbaridades y atentados contra el Patrimonio Cultural que comete el Partido Popular en Valencia?

Mucha nota de prensa y mucha lamentación a destiempo, pero ni una denuncia como y cuando toca, siguiendo los cauces establecidos.

Por cierto, los problemas y conflictos no se resuelven teorizando sobre el sexo de los ángeles o llorando a moco tendido cuando ya se ha cometido la fechoría. Los problemas sociales, culturales, asistenciales, económicos… se solucionan luchando y usando los mecanismos y las “armas” administrativas y legales de las que disponemos, a fin de lograr que la legislación sea cumplida por las instituciones públicas y por los propios ciudadanos.

Basta ya de hablar y de lamentarse. Sin una acción política, administrativa y judicial constante y eficiente, no habrá nunca una mejora sustancial en el deplorable panorama que sufre todo el legado patrimonial cultural valenciano.

Contemplo sorprendido que muchos se conforman con repetir y difundir en los medios de comunicación “los valores históricos y arquitectónicos o ambientales de los bienes que corren peligro”, sin reparar en la necesidad de proceder a suscribir las preceptivas denuncias, tal y como así establece nuestra legislación.

Desear es muy loable, pero hace falta vestirse con la realidad día a día y combatir con uñas y dientes contra los que nos quieren saquear, expoliar, esclavizar, idiotizar… 

De nada sirve hablar de los valores singulares de la alquería del Moro o de otros bienes, si no se aprovechan los cauces legales que tenemos a nuestro alcance, si no sabemos o queremos denunciar los “olvidos” y atentados contra el interés general que suelen cometer tanto la propia Administración como una enorme legión de particulares.

Insisto. De nada sirve hablar de que es preciso urgente “salvar” los retales de huerta y sus alquerías en barrios como Benicalap, si no hay voluntad e interés por denunciar, ante los organismos competentes, el abandono y degradación que sufren esos conjuntos rurales, espacios que conforman nuestro paisaje, nuestra memoria colectiva.

Menos hablar, por favor. Menos repetir los tópicos de siempre y aprendamos que las guerras culturales se ganan empleando las “armas” legales a nuestro alcance y en una lucha sin cuartel y sin derecho a retroceder. 

Es triste constatar que somos pocos, muy pocos los que usamos el ordenamiento jurídico vigente para defender y reconquistar nuestro Patrimonio Cultural.

Todo el mundo espera de manera triste y pusilánime, el advenimiento del Mesías para que nos conduzca al Paraíso. Eso sí, queremos ir al Paraíso en AVE y sin pagar billete.

No. El Mesías somos cada uno de nosotros y tenemos que adquirir la certeza de que tenemos la fuerza, la valentía y los recursos intelectuales y sabiduría para poder actuar con eficiencia siempre. 

Tomemos de una vez las riendas de nuestras propias vidas, de nuestro destino y dejemos de confiar en el Mesías o futuros e imposibles milagros. Nadie vendrá a rescatarnos nunca.

Ya estoy cansado, muy cansado de plañideras y charlatanes, una legión de cobardes que se pasan el día lamentándose sobre todo lo divino y lo humano, mientras esperan que otros denunciemos.

Señoras y señores, un ciudadano es algo más que un grupo de charlatanes o plañideras quejumbrosas y temblorosas, que se reúnen para lamerse las heridas o felicitarse cobarde y mezquinamente por sus impíos actos, mientras entonan sus letanías…

¡Basta ya de suplicar a las administraciones públicas y a los partidos políticos!

Es hora de asumir nuestro papel activo de ciudadanos,y armarnos -dialéctica y jurídicamente- hasta los dientes, a fin de reconquistar los bienes que han secuestrado un puñado de malandrines y sinvergüenzas, que están ahí gracias a la indolencia e irresponsabilidad de todos nosotros. 

Y debemos acudir al combate prestos, con una sonrisa, sin miedo y con el ánimo dispuesto a lograr la victoria, a pesar de que aparentemente seamos derrotados en los primeros momentos de los enfrentamientos.

Antonio Marín Segovia
Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural