Buenos días,
Hace apenas unos días, la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, se dirigía a la ciudadanía con un discurso cargado de triunfalismo para desglosar su hoja de ruta cultural. Con el pecho henchido de orgullo institucional, nos hablaba de la apertura del Museu de la Mar, del Centro de Interpretación del Santo Cáliz con su correspondiente "experiencia inmersiva", de nuevos contenedores para el cómic y las artes escénicas, y del aterrizaje de la Hispanic Society. En sus redes sociales declaraba: “Un futuro a la altura de nuestra identidad, de nuestra historia, de nuestra ciudad. La cultura es patrimonio compartido, es hacer Valencia”.
Desde nuestra asociación, tras leer estas declaraciones, no podemos sino preguntarnos en qué ciudad (o en qué realidad) vive exactamente nuestra alcaldesa. Porque, mientras ella se dedica a vender humo enlatado y a proyectar realidades virtuales para turistas, la Valencia de piedra, tapial, ladrillo y huerta, la que de verdad constituye nuestra identidad, se desmorona ante una desidia institucional que ya roza lo delictivo. Para nosotros, "hacer Valencia" no es inaugurar contenedores vacíos de contenido histórico, sino evitar que los que ya tenemos se caigan a pedazos por el atropello por acción u omisión de sus responsables.
La realidad, tozuda y cruel, desmiente cualquier brindis al sol publicitario que intentan colarnos los políticos de turno. Valencia ostenta hoy el vergonzoso honor de ser la primera ciudad de España en superar los 30 bienes incluidos en la Lista Roja de Hispania Nostra. Un récord de negligencia que tiene nombres y apellidos, y que afecta de manera sangrante a nuestro cinturón verde.
Hablamos de la crónica de un abandono anunciado en las alquerías del Moro, de la Torre, del Rey, de Volante, de Mantot, de Serra, de Tallarrós, o de Falcó, entre otras. Especialmente sangrantes son los casos de de la de Serra (con récord de recomendaciones del Síndic) y el de la Alquería de Falcó, que acumula más de doce años de denuncias, retrasos, promesas incumplidas y excusas injustificables pese a las constantes y reiteradas recomendaciones del Síndic de Greuges, que este consistorio parece archivar sistemáticamente en el cajón del olvido hasta que se vuelva a denunciar.
¿De qué identidad nos habla la señora Catalá cuando el patrimonio de la ciudad es víctima diaria de la impunidad del espray y del orín? Es indignante observar cómo los Refugios Antiaéreos de la Guerra Civil, como los de la calle Espada o Serrans, se han convertido en letrinas improvisadas cubiertas de grafitis, sin que el Ayuntamiento mueva un dedo por su vigilancia o limpieza especializada. Incluso nuestra joya de la corona, la Lonja de la Seda, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sufre el deterioro provocado por la orina canina en cada una de sus esquinas y una falta de mantenimiento higiénico elemental en su entorno inmediato. Es un parcheado indigno lo que ofrecen a los ciudadanos, mientras desvían la mirada de la ruina real.
La gestión del patrimonio no puede basarse en el silencio administrativo con el que se responde a nuestras más de 320 denuncias. No podemos aceptar como "progreso" que el Portal de la Valldigna haya sido intervenido con una pintura plástica inadecuada que, lejos de proteger, acelera la degradación de la piedra original. No podemos callar ante las instalaciones no autorizadas en la Estación del Norte o el estado lamentable del depósito de Gas Lebon. Es un insulto a la inteligencia de los valencianos que se nos hable de "experiencias inmersivas" para el Santo Cáliz mientras la fábrica de La Ceramo en Benicalap, cerrada desde 1992-1993, sigue siendo el lienzo favorito de los vándalos ante la pasividad de una administración que ha hecho de la excusa burocrática su única política activa.
Este abandono crónico no es nuevo; es una herencia de legislaturas anteriores (PP, PSOE y Compromís) que la actual corporación, lejos de revertir con valentía, ha decidido maquillar con propaganda. Se sigue priorizando la creación de "nuevos contenedores" (política de escaparate y de votos) frente a la consolidación y restauración de los Bienes de Relevancia Local (BRL) y Bienes de Interés Cultural (BIC) que ya poseemos y que agonizan. La cultura no es un evento de inauguración ni un render en una nota de prensa; es el respeto escrupuloso a la Ley 4/1998 de Patrimonio Cultural Valenciano, una norma que este Ayuntamiento vulnera por inacción de forma constante.
Desde nuestra asociación, exigimos hechos y no más palabras vacías. Basta de excusas. Solicitamos la implementación inmediata de planes de limpieza especializada, vallados efectivos, sistemas de videovigilancia (reales, efectivos y que de verdad se usen) en entornos sensibles y, sobre todo, un calendario real y dotado presupuestariamente para la recuperación de nuestras alquerías y el patrimonio industrial.
Señora Catalá, deje de vivir en esa ciudad inventada e imaginada de cartón piedra que describe en sus discursos. El patrimonio compartido del que habla se está muriendo en las calles de Valencia bajo una capa de suciedad, abandono y olvido. Actúen ya, porque cuando la última alquería se convierta en un montón de escombros, no habrá "experiencia inmersiva" capaz de devolvernos nuestra verdadera historia. Nosotros seguiremos aquí, vigilantes, denunciando cada grieta y cada grafiti, porque defender nuestro pasado es la única forma honesta de asegurar nuestro futuro.
Un saludo...







