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viernes

Los Docks y las respuestas que el Ayuntamiento sigue sin dar: el Síndic reclama que se aclare su protección patrimonial

Buenas tardes,

hoy volvemos a escribir sobre los Docks Comerciales del Puerto de Valencia, una de nuestras joyas industriales. Y lo hacemos con una resolución del Síndic de Greuges que pone por escrito lo que desde nuestra asociación veníamos denunciando: remitir informes anteriores y repetir que un edificio está protegido no equivale a responder a las preguntas concretas que plantea la ciudadanía. Y el Ayuntamiento de Valencia sigue suspendiendo en materia de transparencia y participación ciudadana.

La resolución, firmada el 23 de octubre de 2026, dentro del expediente de queja nº2604178, concluye que no consta que el Ayuntamiento de Valencia haya dictado y notificado la resolución motivada que debía contestar a nuestro escrito del 12 de agosto. Además, señala que el informe municipal tampoco responde expresamente a las cuestiones esenciales que reiteramos en nuestras alegaciones.

No estamos, por tanto, ante una simple discrepancia entre nuestra asociación y el consistorio. Estamos ante una insuficiencia de la respuesta municipal constatada por la institución encargada de supervisar la actuación de nuestras administraciones públicas.

Y conviene explicar qué significa, qué sigue pendiente y por qué no vamos a aceptar que la protección de los Docks se despache con otro intercambio de documentos que deje las mismas preguntas sin contestar. Las huellas están ahí y el propio Ayuntamiento reconoce que deben conservarse.

Para entender este asunto debemos volver a las fachadas de los Docks, un edificio construido entre 1917 y 1919 que conserva impactos de metralla de la Guerra Civil.

No hablamos de una interpretación caprichosa de nuestra asociación. La propia respuesta municipal reproduce el criterio del Servicio de Patrimonio Histórico sobre esas huellas:

“En relación a las huellas de metralla existentes en las fachadas del edificio, testimonio de los más de 400 bombardeos que sufrió la ciudad durante la guerra civil, se considera que se deberían preservar y no modificar su estado en cualquier actuación que se lleve a cabo en el edificio”.

El Ayuntamiento (Servicio de Patrimonio Histórico) reconoce, por tanto, su existencia, su valor testimonial y la necesidad de preservarlas. También señala que cualquier intervención sobre el edificio debe ser previamente dictaminada por la Comisión Municipal de Patrimonio.

Hasta aquí, los antecedentes municipales. Pero nuestra pregunta no terminaba ahí. Lo que solicitamos fue que el Ayuntamiento se pronunciara expresamente sobre la aplicación de la disposición adicional quinta, apartado 3, de la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano: si esos vestigios de la Guerra Civil, presentes en un inmueble anterior a 1940, determinan su reconocimiento legal como Bien de Relevancia Local.

Esa es la cuestión que sigue sin respuesta expresa, según concluye el propio Síndic. No pedíamos un favor: pedíamos que se aplicara y explicara la ley. Y la diferencia es importante.

No solicitamos simplemente que al Ayuntamiento le pareciera oportuno mejorar la protección del edificio. Planteamos la aplicación de un régimen legal específico y pedimos que se explicara cómo debía trasladarse al expediente.

La legislación valenciana contempla el reconocimiento legal de determinadas categorías de bienes inmuebles de relevancia local por su naturaleza patrimonial. Por eso, cuando se invoca uno de esos supuestos, la Administración debe analizarlo y responder: no basta con reconducir el asunto a una valoración genérica sobre la conveniencia de aumentar la protección urbanística.

Sin embargo, el informe municipal explica que se encargó un estudio para analizar si procedía “la elevación” de la protección parcial a BRL y que ese trabajo concluyó que no era necesario modificar la ficha.

¿Responde eso a la pregunta que formulamos? El Síndic considera que no se ha contestado expresamente a la cuestión planteada.

Y ese es el centro del problema: no es lo mismo decidir si se desea aumentar una protección que determinar si resulta aplicable una protección prevista legalmente. El Síndic había pedido una resolución, no una recopilación de antecedentes, que es lo que ha vuelto a enviar nuestro consistorio, que es lo que suele hacer cuando no sabe o no quiere contestar.

El 24 de agosto de 2026, al admitir nuestra queja, el Síndic requirió al Ayuntamiento una copia de la resolución motivada que contestara “a todas y cada una” de las cuestiones del escrito presentado el 12 de agosto. La respuesta municipal llegó a la institución el 28 de septiembre. Incorporaba informes y referencias a actuaciones anteriores, pero no acreditó lo que se había solicitado.

La conclusión del Síndic merece leerse despacio:

“No consta que el Ayuntamiento de València haya dictado y notificado resolución motivada, con indicación de los recursos correspondientes […] a pesar de haber sido expresamente requerida dicha resolución”.

No se trata de una cuestión decorativa. Una resolución permite conocer qué órgano decide, qué acuerda, por qué lo acuerda y cómo podemos discutir esa decisión.

Los informes pueden servir de fundamento. Pero su mera existencia no demuestra que nuestra solicitud haya sido resuelta.

La ciudadanía no tiene por qué reconstruir una decisión administrativa buscando entre documentos de distintas fechas y servicios, mientras sigue sin saber qué se ha decidido sobre la cuestión principal. 

El Servicio de Planeamiento sostuvo que los informes anteriores ya respondían a las cuestiones planteadas y añadió:

“No se entra de nuevo a analizar dichas cuestiones”.

Pues bien: después de examinar esa contestación y nuestras alegaciones, el Síndic concluye que las preguntas esenciales siguen sin respuesta expresa.

Esto no significa que cualquier remisión a un informe anterior sea inválida. No lo hemos planteado así en nuestra réplica. El problema es que la remisión utilizada no ha permitido acreditar una contestación suficiente al asunto concreto.

La antigüedad de un documento no es, por sí sola, el defecto. El defecto es que se utilice como respuesta sin resolver lo que se está preguntando.

Y aquí se preguntaba por un reconocimiento legal, por un posible procedimiento de exceptuación, por sus garantías técnicas y por la intervención de Cultura.

¿Qué procedimiento se ha seguido realmente? Esta es otra de las preguntas pendientes.

Nuestra asociación cuestionó si el Ayuntamiento podía dar por terminada la discusión sobre el BRL apoyándose en el dictamen individual encargado al arquitecto José María Lozano Velasco, presidente del CVC que fue contratado a título particular, sin acreditar las garantías invocadas respecto del procedimiento de exceptuación.

El Síndic incorpora a sus conclusiones la falta de acreditación de tres extremos: la tramitación de ese procedimiento, la intervención de un equipo técnico pluridisciplinar y la emisión del informe favorable de la conselleria competente en cultura. También los incluye en su recomendación final.

Seamos precisos: la resolución no declara definitivamente que todas esas garantías se hayan incumplido. Lo que establece es que no se han acreditado y que la respuesta municipal no despeja la cuestión.

Pero esa diferencia no resta importancia al problema. Al contrario: obliga al Ayuntamiento a documentar su actuación. Si considera que el procedimiento invocado no resulta aplicable, debe explicar por qué. Si sostiene que ha cumplido las garantías pertinentes, debe identificar los trámites y aportar los documentos. Lo que no sirve es presentar la existencia de un estudio como respuesta automática a cualquier objeción sobre el procedimiento.

Conviene insistir en algo que dejamos claro en nuestras alegaciones: se trata de conocer qué función se ha atribuido a este dictamen encargado directamente a este arquitecto, cuál fue el objeto del encargo y cómo se ha utilizado para fundamentar la posición municipal.

Una cosa es disponer de informes procedentes de distintas disciplinas. Otra es acreditar que se ha seguido el cauce técnico y administrativo exigible para adoptar una determinada decisión patrimonial.

La resolución no anula el dictamen ni ordena contratar otro. Sí impide considerar suficientemente contestada la objeción sobre la intervención de un equipo pluridisciplinar y sobre las restantes garantías planteadas. El Ayuntamiento tendrá que explicar el expediente, no limitarse a defender que el expediente contiene papeles.

La respuesta municipal cita una consulta a la Dirección General de Patrimonio Cultural. Según el fragmento reproducido, correspondía al Ayuntamiento justificar y formular la propuesta mediante el documento urbanístico pertinente, incluyendo entorno de protección y normativa.

Sin embargo, el Síndic mantiene como pendiente la acreditación del informe favorable de la conselleria. Por tanto, la consulta previa citada no ha servido para dar por respondida nuestra pregunta sobre la intervención autonómica.

¿Qué documentación conoció Cultura? ¿Sobre qué propuesta se pronunció? ¿Qué relación tiene aquel informe con el estudio de 2026 y con la decisión municipal de no modificar la ficha? Son preguntas que necesitan documentos y explicaciones, no suposiciones. Y de momento no nos las han facilitado.

La contestación municipal contiene, además, una contradicción llamativa.

Planeamiento afirma que el edificio dispone de protección parcial. Patrimonio Histórico y Artístico describe la conclusión del dictamen de 2026 como el mantenimiento de protección ambiental. El Síndic incorpora expresamente esta “contradicción objetiva” a sus conclusiones y a la recomendación.

¿Qué protección está vigente? ¿Por qué el dictamen habla de mantener otra distinta? ¿Qué ficha y qué normativa se han utilizado?

No estamos afirmando que se haya aprobado una rebaja efectiva de protección. Estamos señalando que la discrepancia sigue sin aclararse. Y no es aceptable que una Administración invoque la protección parcial para tranquilizar a la ciudadanía mientras utiliza un estudio cuya conclusión se presenta con una categoría diferente y menor, sin explicar esa diferencia.

Llegados a este punto, podemos hablar con fundamento de deficiencias procedimentales en la respuesta municipal.

No consta la resolución requerida. El informe no contesta expresamente a las cuestiones esenciales. Y siguen sin acreditarse extremos relevantes del procedimiento patrimonial discutido. Ese es el resultado de la investigación del Síndic.

La fuerza del documento está en lo que realmente dice: el Ayuntamiento no ha demostrado que nuestra petición esté debidamente resuelta y debe corregir esa situación. Ahora toca resolver, explicar y notificar, sin más excusas y dilaciones.

La recomendación es concreta: dictar y notificar una resolución motivada, contestar todas las cuestiones e indicar los recursos pertinentes. El Ayuntamiento debe informar al Síndic, en un máximo de un mes, si acepta las consideraciones y qué medidas adoptará; si no las acepta, debe justificarlo.

Desde nuestra asociación examinaremos la respuesta cuando se produzca. No bastará con anunciar que se acepta si después las preguntas permanecen intactas. Los Docks y sus fachadas merecen algo más que una protección invocada de forma genérica. Merecen un régimen claro, un procedimiento verificable y garantías de conservación.

Seguiremos defendiendo la memoria material de Valencia, con documentos, con alegaciones y con la exigencia de que cada Administración explique y justifique sus decisiones. Porque las huellas de nuestra historia no pueden quedar atrapadas entre un “ya está informado” y un “no se entra de nuevo a analizar”.

Un saludo...

Las imágenes son propiedad de Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, no permitiéndose su reproducción total o parcial sin citar las fuentes y a los autores originales al estar bajo licencia Creative Commons 3.0. Nuestra entidad no tiene ánimo de lucro, pero exige un mínimo de respeto y comportamiento ético y profesional a los medios de comunicación, partidos políticos, asociaciones cívicas, fundaciones… a la hora de apropiarse de nuestro trabajo y esfuerzo de años.

jueves

El Síndic vuelve a exigir al Ayuntamiento de Valencia que proteja el Molí dels Frares y su pintura mural del siglo XVII

Buenas tardes,

Hoy volvemos a denunciar un nuevo episodio de inacción municipal frente a uno de los bienes patrimoniales más singulares (y más olvidados) del barrio de Campanar: el Molí dels Frares, también conocido como Molí de Santo Domingo.

No hablamos de un edificio cualquiera. Se trata de un Bien de Relevancia Local (BRL), catalogado como Espacio Etnológico de Interés Local, que conserva en su interior una pintura mural anónima del siglo XVII dedicada a la Batalla de Salses de 1640. Una obra de cinco metros de ancho por 1,30 metros de alto que constituye un testimonio histórico y artístico excepcional, vinculado a las campañas de Felipe IV en el Rosellón.

Pues bien, a pesar de que el Síndic de Greuges de la Comunitat Valenciana ya recomendó en 2021 inspeccionar el inmueble y, de forma expresa, su pintura mural, el Ayuntamiento de Valencia ha reconocido que sus técnicos de Patrimonio no han podido acceder al interior del edificio para comprobar su estado real. Y mientras tanto, el reloj sigue corriendo.

La historia comienza el 2 de enero de 2021, cuando nuestra asociación presentó ante el Síndic de Greuges la queja número 2100013, denunciando el grave abandono, el riesgo de deterioro y la amenaza que pesaba sobre el Molí dels Frares y sobre su pintura mural.

El 30 de abril de 2021, el Síndic dictó una resolución de recomendaciones. En aquel momento se constató que la última visita técnica al inmueble se había realizado el 25 de noviembre de 2019 y que no constaban actuaciones municipales posteriores. Más grave todavía: el informe municipal remitido entonces no hacía ninguna referencia a la pintura mural situada en el interior del edificio.

Por ello, el Síndic recomendó realizar una visita de inspección técnica urgente, tanto del inmueble como de la pintura mural del siglo XVII, y adoptar las medidas legales oportunas para garantizar el deber de conservación del BRL.

El 28 de mayo de 2021, el Ayuntamiento comunicó formalmente al Síndic la aceptación expresa de aquella recomendación. Los servicios de Patrimonio Histórico y Artístico y de Disciplina Urbanística se comprometieron a realizar una visita de inspección técnica conjunta. ¿Y qué ha pasado desde entonces? Que, más de cinco años después, seguimos sin conocer el estado real del interior del molino ni de su mural.

Ante esa situación, el 5 de agosto de 2026 presentamos una nueva queja, la número 2603959, para exigir el cumplimiento efectivo de la resolución de 30 de abril de 2021.

El Síndic admitió la queja a trámite el 11 de agosto de 2026 y requirió al Ayuntamiento que remitiera, en el plazo máximo de un mes, un detalle de las medidas adoptadas en cumplimiento de aquella resolución.

El informe municipal fue registrado el 14 de septiembre de 2026. Y su contenido confirma, una vez más, el patrón que venimos denunciando desde hace años: actuaciones parciales, inspecciones incompletas y una protección patrimonial que se queda en la fachada.

El Servicio de Disciplina Urbanística informó de que se realizó una nueva visita al inmueble para comprobar si habían aparecido nuevas patologías constructivas.

Según la documentación incorporada a la resolución, la Oficina Técnica de Control de la Conservación de la Edificación se refiere a una visita realizada el 8 de junio de 2021, en la que se habría observado que el edificio no presentaba daños relevantes que requirieran medidas precautorias y que el estado de conservación exterior era similar al de informes anteriores.

Posteriormente, se realizó otra visita el 19 de enero de 2022, con informe técnico de 16 de febrero de 2022. De nuevo, el documento municipal se refiere a una inspección exterior y concluye que no se apreciaban daños relevantes. El procedimiento se archivó el 20 de diciembre de 2022.

La cuestión central es evidente: esas visitas se centraron exclusivamente en el exterior del edificio. No equivalen a la inspección interior del inmueble ni al examen de la pintura mural que el Síndic había recomendado expresamente en 2021. Inspeccionar una fachada no es inspeccionar un mural.

El Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico fue más explícito. En relación con el estado de conservación de la pintura mural, reconoció que la falta de acceso había impedido, a la fecha de elaboración de su informe, que los técnicos municipales entraran en el edificio protegido.

El servicio alegó que se trata de una propiedad privada a la que no se puede acceder sin la previa autorización del propietario o, en su defecto, la correspondiente autorización judicial. Al mismo tiempo, anunció que se iban a realizar las actuaciones oportunas para obtener el acceso legítimo al inmueble, con el fin de inspeccionarlo y constatar su estado.

Ese reconocimiento es decisivo. El Ayuntamiento de Valencia admite que no ha podido comprobar directamente el estado interior del bien ni el de la pintura mural. Pero la recomendación de 2021 exigía precisamente eso: comprobar la realidad actual del estado de conservación del inmueble y de la pintura y, a partir de ahí, adoptar las medidas necesarias.

Sabemos perfectamente que el acceso a un inmueble cerrado debe respetar las garantías legales correspondientes. Nadie está proponiendo vulnerar la propiedad privada ni saltarse el procedimiento. Pero tampoco podemos aceptar que la titularidad privada se convierta, año tras año, en una excusa definitiva para dejar sin examinar un bien catalogado. La propiedad privada no es una exención de protección y no cierra la puerta a la Administración, poe más que algunos políticos irresponsables hayan repetido, cual mantra, en sus redes sociales.

La Ley 4/1998, de 11 de junio, del Patrimonio Cultural Valenciano, impone a propietarios y poseedores obligaciones de custodia y conservación, y encomienda a las administraciones públicas la protección de los valores del patrimonio cultural. Cuando resulte necesario acceder a un inmueble, la Administración deberá obtener el consentimiento del titular o, en su defecto, tramitar la autorización judicial procedente.

En este sentido, la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común, remite a su artículo 100 para los supuestos en que las inspecciones requieran entrar en el domicilio o en otros lugares cuyo acceso exija el consentimiento de su titular.

La crítica no consiste, por tanto, en negar la necesidad de respetar la propiedad privada. El problema es otro: la titularidad privada no puede convertirse en una coartada perpetua para no actuar frente a un bien protegido cuya conservación es una obligación legal.

El informe municipal también sostuvo que, aunque el Ayuntamiento de Valencia ejerce la disciplina urbanística y la catalogación del inmueble como BRL, la tutela general y la alta inspección del patrimonio histórico y cultural corresponden a la Conselleria competente en materia de cultura de la Generalitat Valenciana.

La distribución competencial es real. Pero no elimina la responsabilidad municipal. El Ayuntamiento es quien ha catalogado el bien, quien ejerce la disciplina urbanística y quien aceptó en 2021 la recomendación de realizar una inspección técnica conjunta. La existencia de una competencia autonómica de tutela general no permite convertir la actuación local en una mera remisión a otra administración. Si existe un riesgo para un bien protegido, la coordinación entre administraciones no puede sustituir a la adopción de medidas concretas.

En nuestras alegaciones, presentadas el 17 de septiembre de 2026, solicitamos al Síndic que requiriera al Ayuntamiento documentación completa, fechada y verificable sobre las actuaciones practicadas desde diciembre de 2022: los requerimientos dirigidos a la propiedad, las gestiones para obtener el acceso, la eventual solicitud de autorización judicial, las comunicaciones con la Conselleria competente y las medidas cautelares o de conservación valoradas o adoptadas. Porque proteger el patrimonio no consiste en decir que “se está trabajando en ello”. Consiste en acreditar qué se ha hecho, cuándo y con qué resultado.

El informe municipal también abordó la relación entre la administración y nuestra asociación. Sostuvo que el artículo 4 de la Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local, otorga a las entidades locales una potestad de autoorganización que les permite estructurar recursos, calendarizar inspecciones y priorizar expedientes.

También afirmó que respeta y promueve la participación ciudadana y la acción pública en materia de patrimonio, pero sostuvo que las constantes y reiteradas peticiones del titular de la queja no pueden condicionar, interferir o dirigir el funcionamiento ordinario de los servicios técnicos.

Nos parece una argumentación que confunde dos planos completamente distintos.

La acción pública en materia de patrimonio cultural no consiste en pedir un favor administrativo ni en dirigir los servicios técnicos municipales. Consiste en la legitimación reconocida legalmente para exigir el cumplimiento de las obligaciones de protección del patrimonio cultural.

La Ley 4/1998 reconoce a todas las personas físicas y jurídicas legitimación para exigir el cumplimiento de la ley ante las administraciones públicas valencianas. Eso no significa que la ciudadanía pueda imponer calendarios, recursos o decisiones técnicas concretas. Significa, sí, que puede reclamar que la Administración cumpla sus deberes legales de conservación y protección. Y es lo que estamos haciendo desde el año 2011-2012, aunque a algunos les pese. No estamos pidiendo privilegios. Estamos exigiendo que se aplique la ley.

La resolución del Síndic, firmada el 13 de octubre de 2026, reproduce el informe municipal y nuestras alegaciones. En sus conclusiones, reconoce que el Ayuntamiento ha detallado algunas de las actuaciones realizadas en cumplimiento de la resolución de 2021, pero concluye que todavía quedan actuaciones pendientes de ejecución.

Por ello, el Síndic recomienda al Ayuntamiento que, en cumplimiento de la resolución de 30 de abril de 2021, adopte todas las medidas necesarias para mantener en buen estado de conservación el Molí dels Frares o de Santo Domingo, así como la pintura mural anónima del siglo XVII sobre la Batalla de Salses. La institución ha constatado que la inspección y las medidas de conservación recomendadas en 2021 siguen incompletas.

El Molí dels Frares no es un expediente administrativo más. Es un inmueble catalogado que alberga una pintura mural del siglo XVII vinculada a un episodio histórico relevante para la memoria de Valencia y de la Comunitat Valenciana.

Su protección exige comprobar directamente su estado, evaluar los riesgos reales y adoptar, si procede, las medidas técnicas y jurídicas necesarias.

La resolución del Síndic no cierra el caso: lo reabre institucionalmente. Recuerda al Ayuntamiento que una recomendación aceptada en 2021 no se cumple con visitas exteriores ni con el archivo de un procedimiento, sino con la comprobación efectiva del bien y con las medidas de conservación que esa comprobación exija.

La próxima respuesta municipal determinará si el Consistorio convierte aquella recomendación en actuaciones verificables o si mantiene una posición que ha dejado durante años sin examinar el interior de un bien protegido y sin conocer el estado real de una obra singular del siglo XVII.

Un saludo...

Fotografía de Hispania Nostra
El texto y las imágenes son propiedad de Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural y de Hispania Nostra (mural de la batalla de Salses), no permitiéndose su reproducción total o parcial sin citar las fuentes y a los autores originales al estar bajo licencia Creative Commons 3.0. Nuestra entidad no tiene ánimo de lucro, pero exige un mínimo de respeto y comportamiento ético y profesional a los medios de comunicación, partidos políticos, asociaciones cívicas, fundaciones… a la hora de apropiarse de nuestro trabajo y esfuerzo de años.

viernes

Doce años de abandono y siete tirones de orejas del Síndic: las Alquerías de la calle Olba siguen esperando protección real

Buenas tardes,

Hoy volvemos a denunciar uno de los ejemplos más vergonzosos, prolongados y desesperantes de desidia institucional contra el patrimonio cultural valenciano. Hablamos de las alquerías de la calle Olba, un conjunto rural de enorme valor histórico situado en Marxalenes y catalogado como Bien de Relevancia Local (BRL), que lleva más de doce años de abandonado a su suerte entre coches aparcados junto a sus muros, pintadas delictivas, suciedad, falta de cerramiento y promesas municipales que, una vez más, siguen siendo papel mojado hasta que volvemos a denunciar.

No estamos hablando de una ruina perdida en mitad de la huerta ni de un edificio sin protección o desconocido para la administración. Estamos hablando de un inmueble oficialmente catalogado, integrante de la memoria agraria e histórica de Marxalenes, sobre el que el Ayuntamiento ha recibido durante años advertencias, escritos, solicitudes, denuncias ciudadanas, notas de prensa y hasta siete pronunciamientos del Síndic de Greuges de la Comunitat Valenciana.

Y, aun así, las alquerías de Olba han seguido expuestas a los mismos riesgos que denunciábamos hace más de una década.

La última resolución del Síndic, dictada el pasado 23 de septiembre de 2026, dentro del expediente de queja n.º 2603821, vuelve a poner negro sobre blanco una realidad que desde nuestra asociación llevamos años denunciando: el Ayuntamiento de Valencia no ha ejecutado de forma real y efectiva las medidas de protección que aceptó formalmente ante la Sindicatura. Y no lo ha hecho (parcialmente) hasta que hemos activado de nuevo la denuncia.

Para comprender la gravedad de esta situación hay que echar la vista atrás. Las alquerías de la calle Olba no han llegado a este estado por un accidente puntual, ni por una incidencia imprevista, ni por una catástrofe natural imposible de evitar. Han llegado a esta situación por la inacción sostenida de una administración pública que ha sido advertida reiteradamente y que, pese a conocer el problema, ha permitido que el deterioro se cronifique.

El Síndic de Greuges recuerda una larga relación de resoluciones, recomendaciones y actuaciones vinculadas a este conjunto patrimonial: 31 de julio de 2015, 15 de julio de 2016, 17 de enero de 2018, 31 de julio de 2019, 10 de septiembre de 2021, 10 de abril de 2025 y, ahora, la nueva resolución de 23 de septiembre de 2026.

Son más de doce años de advertencias institucionales. Doce años en los que han cambiado responsables políticos, concejalías, prioridades presupuestarias y discursos públicos, dorándoles la píldora a vecinos y asociaciones. Y durante años las alquerías de Olba han visto cómo los vehículos se aproximan a sus fachadas, cómo las pintadas se acumulan sobre sus paramentos y cómo la burocracia municipal convierte una cuestión elemental de conservación preventiva en un laberinto interminable de informes, traslados de competencia y largas, innecesarias e injustificadas esperas.

Desde nuestra asociación llevamos años insistiendo en algo muy sencillo: un Bien de Relevancia Local no puede ser tratado como un solar residual, como una pared de fondo para aparcar vehículos o como un soporte sobre el que cualquiera pueda pintar con total impunidad.

En mayo de 2025, tras una resolución anterior del Síndic de Greuges, el Ayuntamiento de Valencia comunicó formalmente que aceptaba los requerimientos formulados. En ese momento, el consistorio asumió tres compromisos básicos que, por su sencillez y urgencia, deberían haberse materializado en cuestión de semanas, no de años:

1. Control del tráfico y del estacionamiento. Se debía coordinar la actuación de Policía Local y Movilidad para impedir que los vehículos continuaran estacionando pegados a las fachadas del inmueble.

2. Vallado protector. Se anunciaba la instalación de un cerramiento perimetral acompañado de cartelería identificativa que recordara la condición de Bien de Relevancia Local del conjunto.

3. Limpieza especializada de grafitis. Se asumía la necesidad de intervenir en las pintadas existentes bajo la supervisión del Servicio de Patrimonio Histórico, evitando soluciones inadecuadas sobre materiales tradicionales.

A la vista de aquellos compromisos, la Sindicatura archivó provisionalmente la queja. Una decisión comprensible si se parte de la buena fe institucional y de la confianza en que una administración que acepta una recomendación va a cumplirla. Sería lo esperable. Pero ¿qué ocurrió después? Absolutamente nada relevante. 

Catorce meses más tarde, en julio de 2026, la situación continuaba siendo desoladora. No se habían instalado las vallas anunciadas. No existía una señalización eficaz que impidiera el estacionamiento. Los vehículos seguían aproximándose a los muros, algunos aparentemente abandonados, acumulando suciedad y aumentando el riesgo sobre el inmueble. Las pintadas seguían visibles, especialmente en las zonas más altas de las fachadas, y el conjunto continuaba sin una protección física mínima.

Ante este incumplimiento manifiesto, solicitamos la reapertura urgente del expediente. Porque instalar un cerramiento provisional, colocar señales de prohibición de estacionamiento o impedir que los coches se peguen a una fachada histórica no exige proyectos faraónicos, licitaciones imposibles ni presupuestos millonarios. Exige voluntad política, coordinación administrativa y respeto por la ley.

Tras la reapertura de la queja, el Servicio de Arquitectura municipal emitió, el 26 de agosto de 2026, un informe en el que anunciaba que durante la primera quincena de septiembre se colocarían vallas para limitar el acceso rodado y el estacionamiento de vehículos a menos de un metro de las fachadas.

Esa era la solución planteada por el Ayuntamiento para proteger un inmueble histórico construido con materiales tradicionales, con paramentos de tapia, morteros antiguos, ladrillo y elementos de madera, después de años de advertencias, episodios de vandalismo y un incendio real producido en sus inmediaciones.

Desde nuestra asociación impugnamos inmediatamente esta propuesta. Porque establecer una franja de resguardo de apenas un metro no es proteger. Es colocar una línea imaginaria insuficiente para seguir diciendo que se ha hecho algo.

Un vehículo situado a un metro de una fachada histórica continúa representando un peligro evidente. Puede golpear el muro durante una maniobra, provocar vibraciones continuadas, emitir gases contaminantes, generar acumulación de residuos y, lo más grave, constituir un foco de incendio a una distancia absolutamente incompatible con la seguridad de un edificio vulnerable. 

Nuestra reivindicación ha sido clara: el perímetro de seguridad debe establecerse, como mínimo, a tres metros de los paramentos.

No se trata de un capricho ni de una exigencia estética. Se trata de aplicar criterios elementales de conservación preventiva y sentido común.

Prevención efectiva frente al fuego. Las Alquerías de Olba ya sufrieron un incendio vinculado a la presencia de vehículos en sus inmediaciones. No hablamos, por tanto, de un supuesto hipotético. Mantener automóviles pegados a muros tradicionales supone asumir un riesgo que ya se ha demostrado real.

Protección de la integridad material. La distancia evita golpes, roces, maniobras imprudentes y deterioros provocados por vibraciones, emisiones y acumulación de contaminantes sobre materiales constructivos históricos.

Respeto al entorno patrimonial. Un conjunto protegido no puede convertirse en el parapeto de un aparcamiento improvisado. Las fachadas de un BRL no están para que los coches aparquen contra ellas ni para que los paramentos históricos queden ocultos entre vehículos, basura y abandono.

El propio Síndic ha recogido esta cuestión en su resolución y ha instado al Ayuntamiento a revisar el perímetro previsto para que el cerramiento sea realmente útil y protector.

El informe municipal también reconoce que se realizaron limpiezas parciales a pie de calle durante la primavera de 2025. Sin embargo, el Ayuntamiento justificó no intervenir en las zonas altas de las fachadas alegando la irregularidad del terreno y la imposibilidad de instalar andamios en el solar. Una explicación que, a estas alturas, resulta difícil de aceptar.

¿Desde cuándo la falta de andamios significa que no existen medios para trabajar en altura? ¿Es que el Ayuntamiento de Valencia desconoce la existencia de plataformas elevadoras móviles de personal, camiones cesta o brazos articulados, medios utilizados diariamente para intervenir en fachadas, alumbrado, arbolado, mantenimiento urbano y edificios de todo tipo?

Por ello, hemos expuesto que la inexistencia o inviabilidad de un andamio no es una excusa técnica válida para abandonar la limpieza de una fachada protegida. Existen medios mecánicos alternativos que permiten acceder a las partes elevadas sin necesidad de apoyar una estructura sobre el terreno irregular del solar.

Pero el problema no es solo llegar a la pintada. El verdadero problema es cómo se actúa una vez se llega a ella. Cubrir grafitis con brochazos de pintura plástica no es restaurar. Es parchear. Y, cuando se hace sobre morteros tradicionales, tapia, ladrillo histórico o fábricas antiguas, puede ocasionar daños añadidos de enorme gravedad.

Las pinturas sintéticas e impermeables alteran la transpirabilidad de los muros, retienen la humedad en el interior de los paramentos y modifican de forma irreversible la lectura estética del edificio. Además, su futura eliminación suele exigir procedimientos más agresivos y costosos, con el consiguiente riesgo de afectar a la superficie original.

Un Bien de Relevancia Local no puede limpiarse como una pared de hormigón contemporánea. La retirada de pintadas debe realizarse mediante técnicas de restauración adecuadas, pruebas previas y dirección profesional especializada: hidro-limpieza controlada a baja presión, geles específicos u otros tratamientos compatibles con el soporte histórico.

El propio Servicio de Limpieza municipal ha reconocido que no dispone de competencia técnica específica en materia de patrimonio. Y si no la tiene, la conclusión debería ser obvia: la actuación debe ser dirigida por el Servicio de Patrimonio Histórico y ejecutada por especialistas en conservación-restauración, no abandonada indefinidamente ni resuelta con soluciones de brocha gorda.

Otro de los aspectos más preocupantes del expediente es el silencio municipal sobre las actuaciones impulsadas frente a los daños causados por las pintadas. A pesar de los requerimientos del Síndic, el Ayuntamiento no ha acreditado de forma fehaciente si ha presentado denuncias ante Policía Local, Policía Nacional, Fiscalía o los órganos judiciales competentes.Y esta cuestión no es menor.

Las pintadas reiteradas sobre un inmueble protegido no pueden reducirse automáticamente a una simple infracción de ordenanza. Cuando el daño recae sobre un bien integrante del patrimonio cultural y obliga a una intervención especializada para recuperar sus valores materiales y estéticos, pueden existir indicios de un delito contra el patrimonio histórico previsto en el artículo 323 del Código Penal.

La Sentencia 273/2022 de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha sido especialmente relevante al recordar que el daño patrimonial no se mide únicamente por el coste de aplicar una capa de pintura. Debe atenderse al valor del bien afectado, a la necesidad de restauración especializada, a la alteración producida sobre los materiales originales y al perjuicio causado al patrimonio cultural.

Por ello, desde nuestra asociación hemos recordado también el deber previsto en el artículo 262 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Las autoridades y funcionarios públicos que conozcan la posible comisión de un delito público tienen la obligación de ponerlo en conocimiento de la autoridad competente.

El Ayuntamiento no puede limitarse a contemplar cómo un inmueble protegido es objeto de pintadas, daños y degradación continuada, para después cargar el coste de su restauración al presupuesto público y, por tanto, a los impuestos de todos los valencianos.

Si existen responsables identificables, deben investigarse los hechos y exigirse, en su caso, la correspondiente responsabilidad civil. Porque cada euro destinado a reparar los actos delictivos contra el patrimonio que no se persiguen es un euro que se resta de otros proyectos de conservación necesarios para la ciudad.

La resolución del Síndic de Greuges de 23 de septiembre de 2026 no deja lugar a interpretaciones interesadas. La institución concluye que el Ayuntamiento de Valencia no ha realizado todas las actuaciones necesarias para lograr el cumplimiento real y efectivo de las recomendaciones anteriores.

Ahora el consistorio dispone de un plazo máximo de un mes para comunicar si acepta la recomendación y, sobre todo, qué medidas concretas va a adoptar.

No queremos más informes que se remiten de una concejalía a otra. No queremos nuevos expedientes archivados provisionalmente para que, meses después, todo siga igual. No queremos titulares institucionales, promesas vagas, ni notas de prensa con promesas vacías que sirven únicamente para intentar embaucar a los vecinos.

Queremos actuaciones materiales, verificables y suficientes. Queremos un cerramiento real que mantenga los vehículos a una distancia mínima de tres metros de las fachadas. Queremos señalización clara y eficaz que impida el estacionamiento junto a los muros. Queremos una limpieza especializada de las pintadas, también en altura, ejecutada por profesionales de la restauración patrimonial. Y queremos saber si se han interpuesto las denuncias correspondientes por los daños causados a este Bien de Relevancia Local.

Las Alquerías de la calle Olba son una pieza insustituible de la Valencia huertana, de la memoria agrícola de Marxalenes y del patrimonio histórico de todos los valencianos. No vamos a permitir que sigan siendo una víctima más de la burocracia, la descoordinación y la dejadez institucional. Seguiremos vigilantes. Seguiremos reclamando. Y seguiremos utilizando todas las vías administrativas y legales a nuestro alcance hasta que las palabras se conviertan, por fin, en protección real y en la recuperación y puesta en valor del conjunto rural.

Un saludo…

El texto y las imágenes son propiedad de Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, no permitiéndose su reproducción total o parcial sin citar las fuentes y a los autores originales al estar bajo licencia Creative Commons 3.0. Nuestra entidad no tiene ánimo de lucro, pero exige un mínimo de respeto y comportamiento ético y profesional a los medios de comunicación, partidos políticos, asociaciones cívicas, fundaciones… a la hora de apropiarse de nuestro trabajo y esfuerzo de años.

sábado

El Síndic de Greuges desmonta la parálisis del Ayuntamiento de Valencia en la Alquería de Tallarrós: la burocracia circular no es protección patrimonial


Buenos días,

El Síndic de Greuges de la Comunitat Valenciana, mediante Resolución de Consideraciones firmada el pasado 17 de septiembre de 2026 en el expediente nº 2604025 (reapertura del nº 2400478), ha propinado un contundente varapalo jurídico e institucional (otro más) a la nefasta y pésima gestión del Ayuntamiento de Valencia respecto a la Alquería de Tallarrós (Bien de Relevancia Local, sita en la calle Assagador de la Torre nº 2).

La resolución de la Sindicatura asume plenamente la tesis formulada por nuestra asociación, concluyendo de forma tajante que la acumulación de folios, recursos y trámites de papel no constituye protección del patrimonio si no se traduce en medidas reales sobre el monumento. El Ayuntamiento confunde deliberadamente la «tramitación burocrática circular» con el «cumplimiento del deber de conservación».

En este detallado informe explicamos, punto por punto y con las fechas del propio expediente en la mano, cómo la administración municipal utiliza la vía burocrática para dar vueltas en círculo, marear la perdiz y postergar sine die la ejecución subsidiaria del inmueble mientras este se desmorona en el más absoluto de los abandonos.

La alquería de Tallarrós es una joya de la arquitectura rural de la huerta valenciana, protegida por el ordenamiento jurídico con la categoría de Bien de Relevancia Local (BRL) e incluida formalmente desde el 6 de abril de 2022 en la Lista Roja del Patrimonio de la fundación Hispania Nostra, tras nuestra petición, debido a su alarmante estado de degradación.

A pesar de su alto valor patrimonial, el inmueble lleva más de dos décadas sufriendo la falta de mantenimiento por parte de sus propietarios privados y el desinterés de la administración municipal que sigue sin ejercer su función in vigilando y sin realizar inspecciones periódicas, motu proprio. No fue la actuación de oficio del Ayuntamiento de Valencia (prácticamente inexistente), sino la denuncia y la presión continuada de nuestra asociación, la que forzó en 2021 los primeros movimientos administrativos:

28 de abril de 2021 (Resolución nº GL-2218): Declaración formal de amenaza de ruina inminente.

26 de mayo de 2021 (Resolución nº GL-2978): Adopción de medidas precautorias urgentes (instalación de puntales metálicos, andamios y cubiertas de chapa ondulada) mediante ejecución subsidiaria a costa de la propiedad.

Desde la colocación de esos apeos provisionales en mayo de 2021, que tenían un carácter meramente cautelar y por unos meses, el Ayuntamiento no ha logrado ejecutar ni una sola obra de rehabilitación integral en el inmueble. En julio de 2026, las inspecciones sobre el terreno constataron que la alquería continúa apuntalada de forma precaria, con los elementos de protección desvencijados y oxidados, y en un riesgo latente de colapso estructural.

Ante las denuncias de inactividad presentadas por nuestra entidad ante el Síndic de Greuges, el Servicio de Disciplina Urbanística (Sección Ruinas) del Ayuntamiento de Valencia emitió un informe con fecha 26 de agosto de 2026, en el que afirmaban literalmente que "no ha existido tal inactividad dado que... este servicio ha continuado ininterrumpidamente con la tramitación del procedimiento".

Sin embargo, al someter el expediente a un análisis cronológico riguroso, la supuesta «tramitación ininterrumpida» se desmorona de forma aplastante. El propio informe municipal revela la existencia de cuatro grandes bloques de parálisis y tiempos muertos:

1. Un año entero para resolver un recurso (Mayo 2023 - Mayo 2024): El 22 de mayo de 2023 se declaró la ruina legal (Res. GL-3461). La propiedad recurrió en reposición. El Ayuntamiento tardó 12 meses en resolver el recurso (estimándolo el 23/05/2024 y anulando su propia resolución por defectos formales). El artículo 124.2 de la Ley 39/2015 (LPACAP) fija el plazo máximo para resolver este recurso en un mes. Un año de protección del patrimonio tirado a la basura por mala praxis procedimental municipal.

2. Nueve meses para reiniciar el expediente (Mayo 2024 - Febrero 2025): Tras anular la ruina por sus propios errores, la Sección de Ruinas tardó 9 meses en emitir una nueva resolución declarando la situación legal de ruina (Res. GC-236 de 14/02/2025). Nueve meses para redactar un documento que ya tenían hecho.

3. Ocho meses de parálisis tras la firmeza del acto (Junio 2025 - Febrero 2026): El 25 de junio de 2025, el Ayuntamiento desestimó los recursos de la propiedad, quedando la orden de rehabilitación firme y plenamente ejecutoria (art. 98 LPACAP). A pesar de tener la obligación legal de actuar de inmediato, la administración estuvo 8 meses paralizada sin mover un solo papel, hasta que el 19/02/2026 envió una simple audiencia previa para imponer la primera multa coercitiva.

4. Seis meses congelados por maniobras de la propiedad (Marzo 2026 - Agosto 2026): En marzo de 2026, ante la amenaza de la primera multa, los propietarios aportaron un escrito comunicando el inicio de retirada de enseres y la solicitud de permisos para catas arqueológicas ante la Conselleria de Cultura, pidiendo paralizar las sanciones. El Ayuntamiento congeló el expediente durante medio año sin dictar resolución motivada de suspensión ni avanzar en el procedimiento.

En nuestras alegaciones de 31 de agosto de 2026 presentadas ante el Síndic de Greuges, desmontamos jurídicamente las falacias sobre las que el Consistorio pretende asentar su inacción:

Excusa 1: "Estamos tramitando las alegaciones y permisos de arqueología de la propiedad"

La realidad jurídica: El propio informe municipal del 26 de agosto de 2026 contenía la confesión que liquidaba su propia defensa. El Ayuntamiento admitía textualmente:

"Dado que a día de la fecha no consta la solicitud de licencia municipal de obras de intervención..."

Pedir permisos de arqueología a Conselleria o retirar escombros son meros actos preparatorios y maniobras dilatorias de la propiedad privada. Lo que el Ayuntamiento exigió en la resolución de ruina de febrero de 2025 era la solicitud formal de la Licencia Municipal de Obras de Intervención para la reparación integral. Al no constar dicha solicitud, la orden estaba incumplida de forma flagrante. Aceptar de facto la suspensión de las sanciones amparándose en estos parches supuso asumir las tácticas de la propiedad en claro perjuicio del BRL.

Excusa 2: "Hay que agotar el procedimiento de las hasta 10 multas coercitivas"

La realidad jurídica: Esta es una de las tácticas más perversas utilizadas por la administración municipal. Escudarse en la posibilidad de imponer "hasta diez multas coercitivas" (art. 103 LPACAP) para dilatar la intervención durante lustros.

El enunciado "hasta diez multas coercitivas" representa un límite o cota cuantitativa máxima para el ejercicio de la potestad sancionadora/coercitiva, y bajo ningún concepto un requisito procedimental obligatorio, una condición suspensiva ni una condición previa de procedibilidad que impida a la Administración acudir directamente a la ejecución subsidiaria o a la expropiación. Habiéndose demostrado la ineficacia de los apercibimientos, el Ayuntamiento está legalmente facultado e imperativamente obligado a decretar la ejecución subsidiaria (art. 101 de la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano y art. 102 LPACAP) de forma inmediata.

Además, el cinismo de la excusa es total: a fecha de agosto de 2026, tras más de cinco años de expedientes, el Ayuntamiento de Valencia no ha impuesto, notificado ni cobrado NI UNA SOLA MULTA COERCITIVA a los propietarios de la Alquería de Tallarrós.

Excusa 3: "Vamos a girar una visita de inspección"

La realidad jurídica: En el último párrafo de su informe, el Servicio de Disciplina Urbanística anunciaba que los técnicos iban a "girar visita de inspección con objeto de comprobar el estado actual del inmueble".

Esa visita no se programó por iniciativa propia ni por un protocolo de seguimiento del BRL. Se anunció exclusivamente como reacción al requerimiento de información enviado por el Síndic de Greuges tras la reapertura de la queja promovida por nuestra asociación. Es el ejemplo perfecto de una administración puramente reactiva, que sólo se mueve cuando una institución fiscalizadora la acorrala, vulnerando los principios constitucionales de eficacia, celeridad y buena administración (arts. 9.3 y 103 CE; art. 71 LPACAP).

Ante la contundencia de las pruebas cronológicas y los argumentos jurídicos que presentamos, el Síndic de Greuges, ha dictado una Resolución de Consideraciones que invalida toda la argumentación municipal.

En el apartado 2. Conclusiones de la Investigación, el Síndic dictamina de forma clara e inapelable:

"El Ayuntamiento de Valencia no ha realizado ninguna medida efectiva en cumplimiento de la Resolución de consideraciones de fecha 7/3/2024...". Más claro, agua.

"La referida entidad local ha realizado distintas actuaciones administrativas formales, sin que las mismas hayan tenido ninguna trascendencia real en mejorar el deficiente estado de conservación de la Alquería de Tallarrós, bien de relevancia local.". Una administración inefectiva. Refleja a la perfección a una administración que funciona administrativamente (hace trámites), pero cuyos actos no producen ningún resultado práctico ni operativo sobre el monumento.

Por todo ello, el Defensor del Pueblo Valenciano ha ratificado lo que venimos denunciando desde hace años: los trámites sobre el papel no salvan el patrimonio si las paredes se siguen cayendo y en su resolución ha dictado:

"RECOMENDAMOS que, en cumplimiento de las anteriores Resoluciones de consideraciones de fechas 3/6/2021 y 7/3/2024, se adopten MEDIDAS REALES Y EFECTIVAS para evitar el progresivo deterioro y mejorar el estado de conservación de la Alquería de Tallarrós."

Desde el Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural exigimos formalmente al Ayuntamiento de Valencia que abandone la trinchera de la burocracia defensiva y adopte de inmediato las siguientes decisiones:

Incoación de la EJECUCIÓN SUBSIDIARIA (Art. 101 LPCV): La redacción directa por parte de los servicios técnicos municipales del Proyecto de Consolidad de Rehabilitación Integral, la consignación presupuestaria de los fondos y la ejecución de las obras a costa de la propiedad morosa.

Denegación de la suspensión de sanciones e imposición efectiva de multas coercitivas: La resolución motivada rechazando las peticiones de congelación de la propiedad y el cobro en vía ejecutiva de las multas pendientes.

Apertura de Expediente Sancionador por Infracción Patrimonial (Arts. 97 y 98 LPCV): La sanción a los titulares del BRL por la comisión de una infracción grave/muy grave derivada del abandono continuado del inmueble.

Dictamen de Seguridad de los Apeos (2026): La realización e informe público sobre el estado de fatiga y resistencia de los puntales y andamios provisionales colocados en 2021, garantizando que no existe riesgo de derrumbe inminente.

El patrimonio cultural valenciano no se protege con expedientes en blanco ni con parches burocráticos. La alquería de Tallarrós necesita obras reales y las necesita ya. Desde nuestra asociación seguiremos vigilantes, paso a paso, hasta ver restaurado y recuperado este Bien de Relevancia Local.

Un saludo...

El texto y las imágenes son propiedad de Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, no permitiéndose su reproducción total o parcial sin citar las fuentes y a los autores originales al estar bajo licencia Creative Commons 3.0. Nuestra entidad no tiene ánimo de lucro, pero exige un mínimo de respeto y comportamiento ético y profesional a los medios de comunicación, partidos políticos, asociaciones cívicas, fundaciones… a la hora de apropiarse de nuestro trabajo y esfuerzo de años.

martes

El Síndic de Greuges fulmina las excusas del Ayuntamiento de Valencia sobre la Alquería dels Moros tras nuestra denuncia de "fraude de ley" y casi 13 años de parálisis.

Buenos días,

Queremos hacer pública la demoledora Resolución de Consideraciones emitida ayer, 24 de agosto de 2026, por el Síndic de Greuges (Expediente de queja nº2603139, acumulado a los anteriores nº2201431, 1716336, 1317992, 1400126, 1410487 y 1511928). En este dictamen, la institución que vela por los derechos de la ciudadanía desmonta de manera absoluta los argumentos y las excusas defensivas, los parches de última hora y el recurso a la "falta de presupuesto" del Ayuntamiento de Valencia respecto a la zona privada del Bien de Interés Cultural (BIC) de la Alquería dels Moros.

El 19 de junio de 2026, nuestra asociación se vio en la obligación de reabrir nuevamente las actuaciones ante el Alto Comisionado. Denunciamos formalmente que, tras haber transcurrido casi cuatro años desde que el consistorio notificara la "aceptación integral" de las recomendaciones de septiembre de 2022 (las quintas emitidas desde 2014), la corporación local había incurrido en un auténtico fraude de ley administrativo.

Aquel compromiso no fue más que un subterfugio formal para forzar el archivo de las actuaciones ante la Sindicatura. Durante este tiempo, la zona privada del conjunto (los edificios A, B y D, Casas nº 2, 3 y 4, junto a su huerto histórico o Hortus Conclusus) ha permanecido en una situación de abandono, parálisis y degradación idéntica o manifiestamente agravada.

El Síndic de Greuges, tras recabar los informes de los distintos departamentos municipales entre el 23 de julio y el 10 de agosto de 2026, nos ha dado íntegramente la razón, concluyendo que las actuaciones del Ayuntamiento son del todo "insuficientes para lograr el cumplimiento real y efectivo" de las recomendaciones emitidas.

El núcleo jurídico más contundente de la resolución radica en la destrucción doctrinal del pretexto económico esgrimido de forma recurrente por la administración municipal. El consistorio justificaba su falta de intervención en la expropiación o en la ejecución subsidiaria aduciendo la ausencia de partida presupuestaria.

Y el Síndic ha contestado con una firmeza impecable, dejando claro que no es una deficiencia estructural: aunque la escasez de recursos puede condicionar temporalmente las actuaciones, esa limitación no puede convertirse en una "deficiencia estructural que imposibilite, de forma indefinida, la adecuada protección de dicho patrimonio".

Vaciamiento de la Constitución: La falta o cortedad de partidas presupuestarias no sirve para vaciar de contenido la clara obligación constitucional del artículo 46 de la Constitución Española y de la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano (LPCV), reduciendo la protección del patrimonio a "una mera declaración programática sin alcance real y efectivo".

Obligación pública: El patrimonio cultural es una seña de identidad del pueblo valenciano y un legado de inapreciable valor cuya conservación corresponde garantizar a los poderes públicos, en este caso al Ayuntamiento de Valencia, con independencia de cuál sea la titularidad jurídica de los inmuebles.

El análisis detallado de los propios informes remitidos por el Ayuntamiento demuestra que la maquinaria municipal sólo redactó oficios y requerimientos a toda prisa cuando recibió la notificación de reapertura del expediente por parte del Síndic. Un "maquillaje procedimental" desmontado paso a paso:

- Edificio A (Casa nº 2, ref. cat. 2002000YJ27E001DY): Declarado en ruina inminente en 2018 y en ruina legal en septiembre de 2020. El Ayuntamiento solicitó a la Oficina Técnica una inspección el 11 de diciembre de 2025. Dicha solicitud estuvo congelada durante más de 7 meses y medio. Casualmente, la Oficina Técnica emitió su informe el 24 de julio de 2026, el mismo día en que el Síndic reactivó la queja. Sólo tras esa fiscalización se procedió, el 31 de julio, a pedir presupuestos para revisar las medidas precautorias.

- Edificio B (Alquería dels Moros 2B, ref. cat. 002002100YJ27E001XY): La Orden de Ejecución para reparar las fachadas y los muros de carga (por 19.910,58 €) se dictó el 18 de octubre de 2017. Transcurridos casi 9 años de inactividad de la propiedad, el Ayuntamiento no reaccionó hasta el 6 de agosto de 2026 (día en que cerraban el informe para el Síndic) notificando el apercibimiento de una primera multa coercitiva residual de 1.991,05 €. Además, se permitió que el inmueble permaneciera 4 años sin certificado de seguridad (caducado desde julio de 2022), pidiéndolo a toda prisa en esa misma fecha de agosto de 2026.

- Edificio D (ref. cat. 002002400YJ27E0001EY): Tras desestimar los tribunales el recurso de la propiedad en febrero de 2024 y denegarse la licencia de obras en septiembre de 2025 (confirmado en mayo de 2026), el Ayuntamiento, en lugar de asumir la ejecución subsidiaria de las obras de consolidación, volvió a ganar tiempo concediendo el 31 de julio de 2026 un trámite de audiencia previa para una segunda multa coercitiva.

En nuestra réplica denunciamos que el Ayuntamiento pretendió responder al Síndic de forma troceada, sirviéndose únicamente del departamento de Disciplina Urbanística para evitar pronunciarse sobre las obligaciones del conjunto del municipio. La resolución del defensor pone de manifiesto la falta de coordinación y la inacción de las distintas áreas:

Servicio de Gestión Urbanística: Admite que no ha previsto partida alguna para la Expropiación Forzosa del Edificio A (prevista en el artículo 21 de la LPCV para inmuebles BIC en peligro o sin propiedad conocida), limitándose a señalar que "solicitará" su inclusión en el presupuesto de 2027.

Servicio de Proyectos Urbanos: Se lava las manos aduciendo que únicamente tiene encargo sobre la parte municipal (Casa del Senyor y Alquería de la Torre), alegando falta de competencia para dotar crédito presupuestario o intervenir en las parcelas colindantes.

Servicio de Limpieza y Recogida de Residuos: Inspeccionó el Hortus Conclusus el 2 de julio de 2026, comprobando que la parcela se halla llena de suciedad, maleza e insalubridad. Sin embargo, reduce su papel a abrir un expediente ordinario al propietario, ignorando que la maleza inflamable supone un riesgo crítico de incendio sobre la estructura de madera de la rehabilitada Casa del Senyor.

Servicio de Movilidad: Justificó la retirada de los bolardos en la calle Emili Camps i Gallego afirmando que "no constaban en su inventario" y argumentando que en mayo de 2024 instaló señales R-102 de calle peatonal. Ante la evidencia de que los vehículos siguen pasando a centímetros de los muros agrietados de los Edificios A, B y D sometiéndolos a vibraciones mecánicas continuas, el servicio se ha visto obligado a anunciar que tramitará la reposición de los bolardos.

Por todo lo expuesto, el Síndic de Greuges ha cerrado el expediente requiriendo formalmente al Ayuntamiento de Valencia:

Recomendación explícita: Exige que, en cumplimiento de las cinco recomendaciones dictadas desde 2014 y dado el dilatado periodo de 13 años transcurrido, "se adopten, de forma real y efectiva, todas las medidas que sean necesarias para lograr la rehabilitación y puesta en valor de todos los bienes públicos y privados que forman parte del Bien de Interés Cultural Alquería del Moro".

Concede al consistorio el plazo legal de un mes para que remita un informe manifestando si acepta la consideración. En caso afirmativo, deberá detallar las medidas concretas y presupuestadas que ejecutará; en caso negativo, deberá justificarlo motivadamente.

Es inadmisible que una institución pública tenga que ser fiscalizada de forma continuada durante casi trece años para que firme oficios a última hora. Las fechas no mienten: el consistorio sólo reacciona cuando el Síndic le requiere y cuando nuestra asociación saca a la luz la parálisis.

El "comodín" de que no hay presupuesto ha quedado destruido por el máximo órgano consultivo de la Comunitat Valenciana. La expropiación forzosa de la Casa nº 2, la ejecución subsidiaria sobre los Edificios B y D, la limpieza urgente del Hortus Conclusus y la proección de la calle mediante bolardos no son peticiones caprichosas: son mandatos legales de imperativo cumplimiento.

Desde nuestr asociación estaremos vigilantes durante este mes de plazo. No vamos a permitir más "aceptaciones formales" que acaben en un cajón. Si el Ayuntamiento de Valencia insiste en la inacción, utilizaremos todas las herramientas procedimentales y la vía contencioso-administrativa por inactividad material para asegurar la salvaguarda de este monumento único de nuestra huerta.

Un saludo...

El texto y las imágenes son propiedad de Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, no permitiéndose su reproducción total o parcial sin citar las fuentes y a los autores originales al estar bajo licencia Creative Commons 3.0. Nuestra entidad no tiene ánimo de lucro, pero exige un mínimo de respeto y comportamiento ético y profesional a los medios de comunicación, partidos políticos, asociaciones cívicas, fundaciones… a la hora de apropiarse de nuestro trabajo y esfuerzo de años.

lunes

Las contradicciones y los informes acorralan al Ayuntamiento de Valencia en el caso de la Alquería de Volante

Buenas tardes,

Desde nuestra asociación llevamos quince años recorriendo cada rincón de nuestro término municipal, pateando la huerta, documentando el abandono sistemático de nuestros bienes catalogados y acudiendo a las instituciones públicas para exigir el cumplimiento estricto de la ley. No trabajamos con sensacionalismos, ni con invenciones en función de quién gobierne (le pese a quién le pese, o le moleste a quién le moleste): nuestra única herramienta de trabajo es el rigor técnico, la inspección sobre el terreno y los propios expedientes administrativos que tramitamos vía Registro General de Entrada.

Y hoy queremos compartir un caso sangrante de cinismo institucional, manipulación del relato y contradicciones oficiales que retrata a la perfección cómo operan las administraciones públicas cuando creen que nadie las vigila. 

Nos referimos a la agonía provocada de la Alquería de Volante (situada en la Entrada Casa Gallineta o Senda dels Lladres nº 21-23), un elemento clave de la arquitectura rural de nuestra huerta, protegido por el Plan General de Ordenación Urbana con Nivel 2 de protección (Ficha del Catálogo 332 del Distrito 10) e inscrito dentro del Área de Vigilancia Arqueológica AVA-77.

El cotejo de la documentación oficial que obra en nuestro poder, especialmente dos expedientes municipales emitidos entre abril y julio de 2026, deja en evidencia un cambio de criterio de 180 grados por parte del Ayuntamiento de Valencia, motivado únicamente por el pánico a las responsabilidades penales tras la apertura de Diligencias de Investigación en la Fiscalía Provincial.

Para entender la gravedad del asunto, es necesario recordar de qué inmueble estamos hablando. La Alquería de Volante era una edificación tradicional constituida originalmente por una nave rectangular con dos crujías longitudinales y tres plantas (planta baja, piso y cambra). Su sistema constructivo respondía a la arquitectura tradicional valenciana: muros de carga de fábrica mixta de ladrillo macizo y mampostería, forjados de vigas de madera y cubierta a dos aguas con teja curva.

Aunque la finca figura en el inventario municipal como propiedad pública del Ayuntamiento de Valencia desde el 9 de mayo de 1979 (Código de Inventario 1.E5.10.0017, adquirida mediante escritura pública de donación), la posesión material fue cedida a ADIF el 13 de junio de 2007 mediante un Acta Previa a la Ocupación relacionada con las obras del acceso ferroviario de alta velocidad (Nudo Sur).

Desde 2007, ni ADIF como poseedor material ni el Ayuntamiento como propietario registral movieron un sólo dedo para consolidar el edificio. Esta omisión consciente del deber de conservación culminó en el pavoroso incendio del 23 de enero de 2024, que provocó el colapso definitivo de la cubierta y de la cumbrera. Ya en febrero de 2024, la Oficina Técnica de Control de la Conservación de la Edificación (OTCCE) decretó formalmente la Amenaza de Ruina Inminente. Sin embargo, la corporación municipal decidió meter la resolución en un cajón y dejar que la intemperie destruyera los restos.

Ante el evidente abandono del inmueble, desde nuestra asociación reabrimos la queja nº 2600806 ante el Síndic de Greuges, exigiendo que se dictaran órdenes de ejecución urgentes, se valorase la reconstrucción del bien bajo el régimen de catalogación del artículo 189.7 de la LOTUP y se abriera un expediente informativo para depurar responsabilidades administrativas.

La respuesta del Ayuntamiento de Valencia, emitida el 22 de abril de 2026 por el Jefe del Servicio de Patrimonio (Expediente E-00911-2026-000387-00), fue una muestra magistral de soberbia burocrática y desprotección patrimonial:

Tildaron la salvación del bien como algo disparatado: El informe municipal afirmó textualmente que "una eventual reconstrucción carecería, en principio, de funcionalidad pública real y podría resultar manifiestamente antieconómica y desproporcionada".

Descalificaron nuestras denuncias: Manifestaron que no procedía abrir ningún expediente informativo ni depurar responsabilidades, acusando a nuestra asociación de verter "afirmaciones apriorísticas o acusaciones no acreditadas".

Se lavaron las manos con la propiedad y la posesión: Argumentaron que la presencia de ADIF y la integración del suelo en el ámbito ferroviario generaban "severas dificultades materiales y competenciales", excusando la inactividad municipal en una supuesta falta de control sobre la parcela.

En definitiva, en abril de 2026, para los responsables del Servicio de Patrimonio, el Ayuntamiento no tenía obligación alguna de actuar, exigir la consolidación de la alquería a ADIF era «imposible» y gastar dinero público o exigir responsabilidades era «antieconómico».

Lo que el Consistorio no esperaba era que las denuncias presentadas por nuestra entidad ante la Fiscalía Provincial de Valencia fructificaran en la apertura de las Diligencias de Investigación Penal nº 270/26MA.

Cuando el Fiscal instructor dirigió un oficio formal exigiendo explicaciones al Ayuntamiento sobre el estado del bien catalogado y el expediente de ruina, el discurso burocrático de la "imposibilidad" y la "desproporción" se desmoronó de la noche a la mañana. El miedo a una eventual imputación penal por prevaricación omisiva (artículo 404 del Código Penal) o por delito contra el patrimonio histórico por omisión del deber de conservación (artículo 321 del Código Penal) provocó la movilización inmediata de los técnicos municipales.

El 10 de julio de 2026, el Cuarto Teniente de Alcalde y Concejal Delegado de Urbanismo, Juan Manuel Giner Corell, firmó la Resolución Municipal E-05301-2026-000307-00. Al leer detenidamente este documento oficiales, descubrimos que el Ayuntamiento desmentía, una por una, todas las evasivas que le había presentado al Síndic de Greuges apenas 80 días antes.

El Hecho Primero de esta resolución confiesa abiertamente cuál fue la verdadera causa de la repentina diligencia municipal:

"A resultas de la solicitud de informe formulada por la Fiscalía Provincial de Valencia, Sección Diligencias de Investigación, en el marco de las Diligencias de Investigación Penal nº 270/26MA, respecto de la Alquería de Volante... se emite informe técnico por la Sección Técnica de Patrimonio II, de fecha 16 de junio de 2026..."

Resulta esclarecedor comprobar cómo cambia la diligencia de nuestros gobernantes cuando no es el ciudadano ni el Defensor del Pueblo quien pide cuentas, sino un Fiscal.

Para que ningún representante político ni técnico municipal pueda acusar a esta asociación de faltar a la verdad, presentamos a continuación unanálisis comparativo basado en los dos expedientes oficiales firmados por la propia administración local:

Informe al Síndic de Greuges (22/04/2026) VS Resolución Municipal (10/07/2026) 

I. Viabilidad de actuar: 

- Informe al Síndic de Greuges: afirma que cualquier medida de estabilización o intervención es "manifiestamente antieconómica y desproporcionada".

- Resolución Municipal: ordena a ADIF la ejecución imperativa de once medidas precautorias urgentes en un plazo de 15 días.

II. Obligación de Intervención:

- Informe al Síndic de Greuges: se exime de responsabilidad sosteniendo que la posesión es de ADIF y existen "dificultades competenciales".

- Resolución Municipal: invoca los Arts. 189 y 203 de la TRLOTUP e impone la Ejecución Subsidiaria Municipal a costa de ADIF si no cumple (Punto 5º).

III. Ocultación de Residuos Tóxicos:

- Informe al Síndic de Greuges: omite toda mención a la presencia de materiales peligrosos para la salud pública o el medio ambiente.

- Resolución Municipal: certifica la presencia de fibrocemento/amianto disgregado y calcinado, exigiendo la activación del Real Decreto 396/2006.

IV. Valoración de las Denuncias:

- Informe al Síndic de Greuges: califica las solicitudes del Círculo como "acusaciones no acreditadas y apriorísticas".

- Resolución Municipal: apercibe a ADIF con denunciarla ante el Juzgado de Instrucción por un previsible Delito de Riesgo del Código Penal (Punto 7º).

V. Consecuencias de la Inacción:

- Informe al Síndic de Greuges: justifica la situación del inmueble como algo "antiguo" e insiste en la irrelevancia del paso del tiempo.

- Resolución Municipal: constata que por el abandono entre febrero  de 2024 y junio de 2026 colapsaron las fachadas este y oeste y el muro central interior.

Uno de los hallazgos más alarmantes expuestos en la Resolución de 10 de julio de 2026 es el relativo a la salud pública. Mientras en abril el Servicio de Patrimonio nos tildaba de alarmistas, el informe técnico de junio de 2026 confirmó que los cuerpos anexos de la alquería presentan "restos de elementos de fibrocemento disgregado (canales, bajantes, depósito, placas, etc.)".

Al haber sufrido un incendio virulento en enero de 2024, el fibrocemento (compuesto de amianto y cemento) ha quedado expuesto a altas temperaturas y al desmoronamiento mecánico. Cuando el amianto se calcina o se fractura, libera fibras microscópicas al aire que resultan altamente carcinógenas. Durante más de dos años, el Ayuntamiento de Valencia ha permitido que estos residuos tóxicos permanezcan al aire libre en pleno corazón de la huerta, omitiendo las disposiciones mínimas de seguridad aplicables a los trabajos con riesgo de exposición al amianto reguladas en el Real Decreto 396/2006.

La lectura de los informes revela otra triste certeza: la Alquería de Volante ha sufrido un deterioro provocado por la inacción consciente de las propias administraciones públicas.

En febrero de 2024, tras el incendio, la OTCCE certificó que el edificio conservaba en pie sus cuatro muros perimetrales en sus tres alturas (planta baja, piso y cambra). Cuando los técnicos regresaron en junio de 2026, forzados por la Fiscalía, constataron que el abandono prolongado provocó nuevos derrumbes masivos: hoy en día únicamente se conserva la fachada sur. La fachada este, la fachada oeste y el muro central interior con su arco histórico se han venido abajo paulatinamente durante los últimos dos años.

Esto demuestra que no estamos ante un deterioro inevitable de la naturaleza, sino ante la pérdida irreversible de patrimonio histórico valenciano causada por el incumplimiento reiterado del deber de conservación que la LOTUP impone a las administraciones públicas.

En el Punto 7º de la Resolución de julio de 2026, el Ayuntamiento apercibe a ADIF advirtiéndole de que, si no actúa, denunciará los hechos ante el Juzgado de Instrucción por un delito de riesgo establecido en el Código Penal.

Esta amenaza a ADIF constituye una trampa dialéctica y una autoinculpación en toda regla:

Si la inacción sobre la alquería representa un delito de riesgo para la seguridad pública, el Ayuntamiento de Valencia es tan responsable como ADIF, por ser el propietario registral desde 1979 y por no haber dictado las órdenes de ejecución ni la ejecución subsidiaria tras el incendio de febrero de 2024.

El plazo de 15 días concedido a ADIF finalizó a finales de julio de 2026. A día de hoy, los restos siguen sin apuntalar, la zona no cuenta con el vallado adecuado y los escombros con amianto continúan sin retirarse. Sin embargo, el Consistorio no ha ejecutado subsidariamente las obras ni ha presentado denuncia alguna en el juzgado. Todo ha sido una maniobra de distracción para maquillar el expediente ante la Fiscalía.

Desde nuestras asociación no vamos a permitir que este escándalo quede impune. Vamos a exigir la personación de las autoridades correspondientes para que se abra causa penal por presunta prevaricación omisiva y delitos contra el patrimonio histórico contra aquellos cargos técnicos y políticos que permitieron la destrucción de la Alquería de Volante.

La huerta y su patrimonio no son un estorbo ni una carga antieconómica: son la identidad de nuestro pueblo. Seguiremos defendiendo cada piedra, cada alquería y cada monumento, con la ley en la mano y la verdad por delante.

Un saludo...

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